20 de enero de 2017

Esperar.

Luego de cada ilusión, necesito otra. Mi corazón no entiende de soledad. 
Estoy desesperando porque no quiero que otra vez me ocurra lo mismo. Los días venían calmos, sin pensar en nadie, y de pronto aparece alguien con quien complicarme. 
Como cuando vas a una tienda y te gusta algo, así empiezo a necesitar a ese alguien, como si lo quisiera comprar. Siempre encontraba la forma de conseguirlo, y más si sabía que el objeto de interés también encontraba eso en mí. Es una horrible comparación, lo sé. Pero es como una atracción magnética, que se apodera de mí, y cuando más se complica, más ansiedad invade mi cuerpo. 
Por más que me este muriendo, esta vez no pretendo buscar, tan solo esperar...

12 de enero de 2017

No es donde sino con quien.



Estaba mirando el cielo, eran alrededor de las 5 de la madrugada y ya se vislumbraban algunos rayitos de sol entre las nubes, sentía fielmente la brisa desordenando mi cabello y el sonido tan particular de las olas acompañando el momento. Para cualquiera podría haber sido mágico, de película, pero no, no era con quien deseaba compartirlo. Sus manos frías y llenas de desconocimiento invadían mi cuerpo en pleno desconcierto. Como llegué a esto?

 La espera había alcanzado el punto límite. Andrea estaba sentada en la esquina de la vereda con cara de poca satisfacción, habíamos llamado a un remis hacía 20 minutos atrás. El destino era grato y desconocido, era mi primera vez concurriendo al lugar. Habia escuchado buenas recomendaciones pero no imaginé que sería tan extravagante.
 A las 3 de la madrugada pagamos la entrada y estábamos entrando al salón. Mi mente no reconocía ningún rostro, la música estaba muy fuerte, y a los primeros pasos te topabas con gran cantidad de cuerpos danzantes, de sonrisas salseras y un ritmo latino de gran admiración. Mis ojos quedaron maravillados frente a tal demostración artística.
Fuimos a la barra y pedimos una cerveza, luego otra. Por cierto, me gustaba mucho. Mientras disfrutaba de un vaso bien frío y la compañía de una nueva futura amiga, no podía creer lo que estaba observando. Hermoso es bailar y más aún en pareja. Lo sorprendente era que los hombres sacaban a las mujeres, y si querías bailar tenias que esperar a que alguien apareciera. Me sentí en una película de época. Mi cuerpo estaba empezando a despertar y quería con todas sus ganas moverse. Aunque siendo nueva, era difícil que alguien se animara.
 Andrea había ido gran centenar de veces, y conocía a todos. Recibía saludos, apodos y demás, de parte de la mayoría. Ella comenzó a hablar, bailó un par de temas, y yo me quedé sentada observando. Pocas veces había visto algo así, cuerpos moviéndose al unísono en una canción. Sonrisas tan grandes y amplias, dignas de admiración.
Miré hacia un costado y sentí la presencia de alguien frente mío, ¿Querés bailar? me preguntó amablemente un muchacho de baja estatura y de apariencia física menor a la mía. Con gran entusiasmo, me levanté del asiento y acepté. Me tomó de las manos y nos dejamos llevar por la música. Su mirada estaba perdida y no parecía estar atento a los pasos. Me desilusionó un poco. Quizás era chico, tímido o no de los mejores bailarines, pero lo disfruté. Al terminar la canción, volví a mi lugar.
Andrea ya estaba agitada, pero quería seguir. Me preguntó que tal me había ido cuando de nuevo la sacaron a bailar. Creí que eso había sido todo, hasta que vino un muchacho moreno, muy simpático con una sonrisa muy particular que sin preguntarme, me llevó al medio de la pista. Lo había visto bailar antes y tenia conocimiento, se movía bien. Pude seguirlo al principio, pero se me dificultó después. La bachata no era tan fácil como parecía. Sin embargo, lo disfruté muchísimo. Nunca había bailado tan cerca de alguien que no conocía. Le costó despegarse de mí, quitar sus manos de las mías. Pero la canción ya había terminado y cuando me di vuelta, un hombre robusto mayor que yo, me tomó por sorpresa. Ahora tocaba una canción de salsa super alegre. Parecía que él se dedicaba a eso, era profesor o eso había oído de Andrea. Aunque lo noté de inmediato, me llevaba y guiaba muy profesionalmente, y marcaba los pasos para que los aprendiera, me reí y aprendí un montón.
Por tercera vez había terminado, me volví a mi sitio y luego al baño. Cuando volví, Andrea estaba bailando con aquel muchacho de sonrisa particular, pero esta vez los ví dialogar demasiado. Me acerqué y nuevamente me senté. Bailaban muy bien.
La perdí de vista, y al levantarme oí una voz. ¿A donde vas? escuché y al mirar, era él. Me agarró nuevamente sin permiso y posó sus manos en mi cintura. Primero un giro, luego acercamiento y estábamos bailando otra vez. Sabía llevar la situación, y no parábamos de sonreír. La danza es algo que me conmueve y llena de felicidad. Me miraba de forma muy intensa y entre sonrisas me dijo que era muy linda. Comenzamos a hablar entres pasos, y al terminar la canción me dijo de ir fuera. Tomé mi abrigo y nos dirigimos a un puente frente al mar. Me senté de un lado y él se puso en frente. Comenzamos a hablar de nuestros pasatiempos y gustos. No dejaba de observar el mar, oírlo era mi perdición. Le dije que me gustaba el cine, la comedia musical y por ende, cantar. El me comentó que era apasionado por la medicina y la obstetricia.
Cada vez se situaba más cerca y me pidió que le cantara. No suelo hacerlo frente a desconocidos, pero debo admitir que no era porque él resultara especial, sino porque la comedia musical había congelado mi timidez por completo. Sus ojos brillaban, le había gustado. Yo no me sentía del todo cómoda, algo presentía que no estaba funcionando. Giré y me me puse a ver el mar nuevamente. No lo miraba demasiado como cuando bailábamos. Me hacía feliz bailar, no su compañía. Me rodeó con sus brazos y me dijo que estaba por amanecer...
Estaba mirando el cielo, eran alrededor de las 5 de la madrugada y ya se vislumbraban algunos rayitos de sol entre las nubes, sentía fielmente la brisa desordenando mi cabello y el sonido tan particular de las olas acompañando el momento. Para cualquiera podría haber sido mágico, de película, pero no, no era con quien deseaba compartirlo. Sus manos frías y llenas de desconocimiento invadían mi cuerpo en pleno desconcierto. Sentí su rostro cerca del mío y cuando me quise dar cuenta me estaba besando. Mis ojos estaban cerrados pero mi mente no dejaba de molestarme, sus labios estaban fríos y no era lo que yo quería o de quien quería. Abrí los ojos, como nunca antes, y me alejé. El momento era tierno y bello. Pero algo andaba mal conmigo. Estaba amaneciendo y el sol hacia que el mar brillara, era perfecto. El tenía toda la intención de quedarse y posó su mano cubriendo la mía. Cuando Andrea apareció, yo la quité. Bajamos los tres, y caminamos hasta la orilla. El nos tomó una fotografía que todavía tengo guardada. Muy bella por cierto. Colorida.
Ella se alejó y me hizo señas de que nos teníamos que ir, él me quiso abrazar queriendo invitarme a hacer algo luego. Yo me negué, lo saludé en la mejilla y me fui corriendo...

Esa noche me dejó una gran reflexión. Lo estuve pensando y creo que es cierto.
Las personas hacen mágicos a los momentos. 

Y en ese instante, te extrañé.

26 de diciembre de 2016

Noche de desvelo

Desde que llegué 
no es lo mismo. 
El lugar de siempre 
pero todo distinto. 

Hay algo tan dentro mío 
que no puedo explicar. 
Quizás cambié 
más de lo normal.

No sabes lo que daría 
por un momento más contigo. 
Vivir lejos de ti
es todo un desafío. 

Esta noche... 
no puedo cerrar los ojos, 
no puedo descansar. 
Solo quisiera escuchar 
tu risa una vez más. 

28 de noviembre de 2016

Hoy también pensé en vos.

Hoy a la noche también pensé en vos al escuchar las olas.
Me detuve mirando las estrellas tan radiantes y bellas.

Entonces sonreí

No solo por apreciar tal belleza sino porque te recordé.

Sé que te recordé porque sonreí.

Es tan hermoso lo que causas. Estas en cada pedacito mío como una canción que no deja de sonar dentro de todo mi cuerpo.

Si supieras todas las cosas que me hacen recordarte.
creerías que enloquecí.

Quitarte de mi vida significaría borrar esa tonta sonrisa al pronunciar tu nombre. No podría.
Porque esa sonrisa tonta aparece cada vez que me preguntan por vos, se dibuja en mi rostro y no hago más que bajar la mirada y recordarte

¿Que será de tu vida estos días? Me resulta extraño no poder responder.
Tengo miedo de que esto se vuelva costumbre.

Que cambie, que cambies. Que ya nada sea igual.

Te vi en un  chupetín y al escuchar una canción, No hace falta tenerte cerca para que estés presente.

Esto no deja de sorprenderme.
Quizás fui yo y el tiempo solo me demostró

Que me haces falta

un montón - un montón.

Me gustaría...

Me gustaría contarte como anda todo por acá. Lo lindo que está el cielo, la paz que me da el mar.
Me gustaría mostrarte el lugar donde solía venir cuando me sentía un poco mal, cuando estaba triste con ganas de llorar.
Me gustaría que cerraras los ojos y escucharas las olas del mar. Es inmensa la tranquilidad que a mí me da.
Me gustaría que sintieras el viento que invade mi rostro, que no hace más que renovar. Es increíble la energía que provoca este lugar. Su belleza es tan natural. Ojalá estuvieras acá para sentirla, simplemente para apreciar.
Me gustaría poder enviarte una fotografía de este momento o que estés al lado mio para poder disfrutar. Sentir nuestras bellas sonrisas mirando el mar.
Me gustaría tu voz oír, aunque imagino lo que podrías llegar a decir.
Me gustaría saber como te sentís al respecto, que es lo que te genera este cruel distanciamiento, o si a vos te gustaría vivir conmigo este mágico momento.
Me gustaría que sintieras lo calentita que está la arena, tanto que entibiaría tus hermosos pies.
Me gustaría que sintieras que hermoso cantan los pájaros a mi lado y como todos disfrutan de este día tan soleado.
Me gustaría dejar de pensar que pasaría si a partir de ahora fuera así, lleno de "me gustaría". Sin tus risas, chistes o abrazos. No sé si podría soportarlo.
Me gustaría decirte lo mucho que te extraño pero tengo miedo de que tu respuesta me haga daño. De que no me necesites, de que estés mejor sin mí.
Me gustaría... Juro que me gustaría... Pero, me alejé, te alejaste o nos alejamos creyendo que era lo mejor, que sin saber del otro iba a doler menos.


10 de noviembre de 2016

Sin salida

Corro y corro sin salida. Lo mantengo oculto dentro de mi corazón. Es tán frágil que en cualquier momento podría romperse o ser robado. Invade mi cuerpo una sensación atemorizante. Hasta diría horripilante.
Poco digna de sentir. No sé como algunos lo dicen sin vergüenza, es como un monstruo que te deja sin aliento, que te persigue, te deja sin espacio y con muchos remordimientos.
Es insoportable. No hace más que aumentar. Podría sacar lo peor de mí, y lo sé. Por eso me da miedo. Mucho miedo.
Porque podría perderlo, realmente podría hacerlo y no me lo permitiría. Es la cosa mas valiosa que tengo.
Lo sabía. Me estan persiguiendo, me quieren sacar mi metal precioso. Estoy cerca de tropezar y que lo puedan agarrar. No puedo detenerlo. No hay sitios para ocultar.

7 de noviembre de 2016

Ella si, yo no.

Intuía como todas las cosas, ésta situación.
Es difícil mirar en tus ojos, otra sonrisa,otro amor.
Sentir tu mirada perdida.
Dejar de ser la canción de tu vida.
Si es que alguna vez lo había sido.
No puedo controlar sentirme mal al respecto. Mi miedo no es perderte, es que compartas con ella nuestros momentos.
No puedo llorar, no puedo liberarme.
Siento rabia, no quiero obsesionarme.
Tan solo pensar en sus risas me agobia,
no podría imaginarla como tu novia.
Quizás estoy exagerando, quizás no pase nada de lo que imagino. Pero vilmente sé que con ella no te pasa lo que conmigo.

Hoy toca soltarte la mano...

... con la que me agarraste fuerte a los seis. Sé que muchas veces lo dije, muchas veces quise sentirlo y siempre me costó asumirlo. Encontr...